DISCURSO 12 DE OCTUBRE


El continente americano tuvo una historia antes de la invasión europea. Pero de esa historia sabemos poco.  Porque la historia, casi siempre la cuentan los que ganan. Por ejemplo  no sabemos mucho sobre los hermosos pobladores de la Pampa húmeda, los ranqueles,  quienes vivían en comunidad, eran amplios conocedores de las leyes del universo y de la medicina natural. En dichas comunidades, los más jóvenes se dedicaban a producir en forma colectiva, para satisfacer las necesidades del grupo, y los más viejos eran respetados por su sabiduría. Tampoco sabemos mucho sobre los maravillosos sistemas de riego que habían diseñado los Incas para poder transformar los secos suelos montañosos en enormes terrazas de cultivo. Ni conocemos demasiado sobre los rituales de los mapuches pidiéndole permiso a sus ríos para cruzarlos, o a sus suelos para plantarlos, o a sus animales para matarlos.
Tampoco nos han enseñado mucho sobre su exterminio. Cuando el hombre blanco pisó este continente comenzó el fin de la cultura India. Se les arrebató su pacha, su idioma, su fe. Pero no solo se asesinó su cultura sino también sus cuerpos físicos. Se los condenó a trabajar día y noche en las minas de oro y plata, se les contagiaron enfermedades desconocidas hasta entonces en América que terminaron con comunidades enteras. Se los llamaba “salvajes”, “bestias”.
En los albores de la libertad de nuestra patria, muchos de los que quedaban, que no eran tantos, lucharon junto a los héroes de la revolución de mayo, quienes a través de sus sueños americanistas, pelearon por libertad de su tierra y la igualdad de su pueblo. Moreno escribía en plena revolución: “Debemos garantizar que Potosí quede justamente organizada, que empiecen los indios a sentir el sabor de la libertad y que se fomente en todos pueblos el odio a la esclavitud”.  Juan José Casteli proclamaba en 1811: “Siendo los indios iguales a todos los demás seres humanos en presencia de la ley, deberán los gobernadores reformar los abusos cometidos en su perjuicio, promoviendo su bienestar y en especial el reparto de sus tierras”.  Alvear y San Martín exigieron incesantemente a la Asamblea del Año 13 que cumpla la promesa de eliminar el pago de tributo que debían pagar los indios, “nuestros hermanos”, como los llamaban, reconociéndolos como hombres libres. También se escuchaban estos ideales en algunas estrofas del Himno Nacional, que luego desaparecieron de la historia oficial:
                 Se conmueven del Inca las tumbas
                 Y en sus huesos revive el ardor
                  Lo que ve renovando a sus hijos
                  De la patria el antiguo esplendor.
Artigas escribió en 1815. “Ya deseo que los indios se gobiernen por si mismos para que experimenten la felicidad y salgan del estado de aniquilamiento en el que han estado durante tantos años. Belgrano propuso al Congreso de Tucumán de 1816 que el gobierno lo asumiera un monarca Inca.
Claro que de esta parte de la historia sabemos poco, y de los sueños de estos maravillosos  padres de la patria, también… Será porque muchos de estos sueños aún siguen sin cumplirse, será porque la historia que más conocemos es la que escribieron Sarmiento, Mitre o Alberdi, que impulsaron el progreso, pero un progreso que no incluía al gaucho  o al nativo  a quienes se referían como a “los salvajes  que hay que exterminar porque son incapaces de producir progreso, porque aunque pasen 100 años los indios y los gauchos no se convertirán en obreros ingleses,  por cuanto debemos poblar las tierras de alemanes, franceses, suizos, en vez de darlas a los salvajes de aquí…”
Año 2009, nuestros hermanos originarios siguen siendo invisivilizados por la cultura occidental. Sus tierras aún invadidas, esta vez  por multinacionales como Bajo La Lumbrera, Benetton, Cargil, Etc., que siguen detonando sus montañas, contaminando su agua, su suelo, su aire, corriéndolos de sus viviendas para comprar sus bosques, lagos y montes, y extraer indiscriminadamente sus recursos hasta devastar y destruir el medio ambiente. De cara al bicentenario de la revolución de mayo, debemos ser capaces de recuperar los ideales de Moreno y Castelli, de Belgrano y San Martín, que tan claro tenían  que la tierra debe ser de quien la trabaja, que en ninguna sociedad deben existir clases dominadas y dominantes, que jamás debemos mirar al moreno con desprecio sino cómo al hermano. Y luchar con todo nuestro amor para que la igualdad de derechos y la igualdad de oportunidades dejen de ser una utopía.

Daniela Mauro

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